miércoles, 31 de octubre de 2012

Una aventura por Upper Egypt: Sohag, día 2

Nos despertamos temprano para poder visitar el monasterio. El desayuno estuvo bastante bueno, lo mismo que ayer pero con papas fritas. Comimos como cerditos literalmente y salimos corriendo porque el auto nos estaba esperando. Austin no estaba, creo que se sentía mal o cansado, Jeff no supo decirlo. Pero ahí estábamos paseando por las calles de “upper Egypt”.
Llegamos al monasterio, al pie de una montaña, eran casi ruinas pero me llamó mucho la atención las escrituras en las paredes, tenía un patio con estilo a coliseo, ruinas de columnas redondas y cruces en las puertas de madera. Toda una arquitectura antigua que me recordaba el estilo de las cruzadas. 
El mejor sentimiento del día fue cuando estábamos en el patio casi por dejar el monasterio. Fuimos a sacar las últimas fotos y uno de los chicos aplaudió. Despertó a casi todas las palomas que anidaban en los antiguos muros y volaron sobre nosotros haciendo grandes círculos. Se sentía como si estuviera debajo del mar y las olas pasaran sobre mí, inspirador.


Después de eso seguimos visitando la siguiente iglesia, parecía como un castillo de historieta, pintado en tonos naranja y dorados, situada en medio de un cementerio (no era la mejor opción y casi como que no encajaba, no solo con el paisaje sino también con el entorno, demasiado ostentosa para mi gusto).






Escalamos un poco de la montaña que teníamos en frente y cuando sentí que ya no podía caminar más bajo el sol (lo cual fue un corto pero intenso trecho) vi la iglesia en la montaña. Como una cueva de roca negra, con figuras de los santos talladas en las paredes. Me sentí Indiana Jones! Uno de los chicos me dio una vela para hacer una especie de ofrenda, como dicta la costumbre. Así que hice mi altar de doce piedras, puse mi vela en el medio. Mientras oraba y miraba los otros montículos de piedras, vi que las construían como si fueran iglús, y dejaban la vela en el centro casi cubierta por las rocas. Pregunté por qué lo hacían así, y la respuesta fue: así es como se hace acá... no tenía sentido para mi. Dejé mi vela encendida sin cubrir y me fui cantando himnos con Mary aprovechando la buena acústica de la caverna.

Ese fue el segundo mejor sentimiento del día: un símbolo de mi trabajo en este país, dejar brillar la luz de D-ios en medio de la oscuridad. Ahora entiendo la dimensión de la metáfora.

Sacamos un par de fotos en la cima de la iglesia y bajaron corriendo, yo los grabé por que no me daba para correr, estaba muerta de calor.
El almuerzo fue repleto de comida, como de costumbre, en la casa del pastor de la iglesia. Con un dolor de cabeza considerable decidí desistir de las visitas que nos esperaban de tarde y me fui a la casa a descansar. Dormí como una hora y media y miré algo en la compu esa otra hora y media. Socialicé un poco con la familia hasta que las chicas me vinieron para buscar para la cena.
La casa y la familia muy lindas, pero demasiada comida, para este momento yo ya me sentía descompuesta, sin embargo comí igual. Cuando volvimos a la casa comí un Mashy que le había prometido a la familia que iba a probar… todavía me arrepiento de ese último bocado. La gota que rebasó el vaso. Empecé a vomitar y me da la sensación de que no me voy a sentir nada bien por el resto de la noche... Mañana será otro día, si sobrevivo.



Altar tallado en muros de piedra

Bases de columnas dentro del monasterio




Momento inspirador del día

 
Vista desde la iglesia ortodoxa hacia la iglesia en la montaña





Cueva con tallados y monumentos cristianos


Compañeros de aventuras, en lo alto de la montaña


La frase:
"Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama,
sino que la pone en una candelero para que los que entran vean la luz."
Lucas 8.16



No hay comentarios:

Publicar un comentario