sábado, 11 de agosto de 2012

Volando alto: Good morning London!

Con los pasajes en mano, finalmente, me dispuse a salir de una vez por todas. Con los días de más me compraron una nueva valija de mano. Y cómo el peso de mi equipaje no podía sobrepasar los 23 kilos, lo cuál me parecía una ridiculez por que viajaba al otro lado del mundo por un año tenía que ingeniarmelas ¿Cómo iba a meter un año dentro de una valija de solamente 23 kilos? Bueno, metiendo lo más pesado en la valija de mano... definitivamente iba a necesitar ayuda para meterla en el gabinete. Fue muy cómico ver cómo los hombres se ofrecían a ayudarme cuando me veían lidiar con mi pequeña valijita, y ¡Oh sorpresa! cuando la levantaban parecía que se les salían los ojos del esfuerzo.
Dejar a mis papis en el aeropuerto fue más duro de lo que esperaba, y aunque no he hablado mucho de mi mamá, ella fue de gran soporte en todo este tiempo, mi consejera emocional y la que creyó desde el primer momento en que lo iba a lograr, a veces se ponía más ansiosa que yo. Ella dice ser más fría pero no hay frialdad que pueda contrarrestar la nostalgia y la tristeza de dejar ir una hija tan lejos.
Una vez en la fila a punto de embarcar vi una cara conocida, era una chica de mi universidad! No lo podía creer. Esperé a que entrara para ubicarla dentro del avión. Me paré unas 7 veces durante el vuelo para hacer un par de caminatas y estirar las piernas que me estaban matando, pero no la encontré. Capas había visto mal. Llegando a Londres, mi primer parada de 12 horas, esperé hasta que los últimos pasajeros bajaran para comprobar que ella estaba, tengo muy buena vista y es muy difícil que confunda tanto a alguien. Y definitivamente, bajó con tres bolsos a duras penas. Nos abrazamos, ella sorprendidísima por que no esperaba encontrarme ahí y yo feliz porque hablaba español y me podía guiar hasta alguna puerta de salida.

El aeropuerto de Heathrow es muy grande, tiene cinco terminales, y para moverte dentro de una de las terminales, la nº 5 en mi caso, tenía que viajar en tren! Un subterráneo a todo lujo de diez minutos. Una vez en la aduana me llevé un buen susto cuando pensé que se me había caído el pasaporte, lo había tenido en la mano durante toda la fila de espera y cuando llegué al mostrador, ¡no lo tenía más! En algún momento lo metí en la bolsa de los alfajores, y con el estrés que tenía de no entender nada del acento Inglés no me parecía raro que pudiera perderlo tan fácilmente.

Pero no pasó, me prometí prestar más atención y hacer las cosas con calma. Cambié un poco de plata a libras y me fui a llevar mi valija al locker. Pregunté por aquí y por allá, hasta que llegué al tren que recorre el centro de Londres. Miré varias veces el mapa que tenía en el librito que había sacado a la bajada del avión y lo comparé con el circuito de las estaciones. Hasta que descubrí donde estaba el Big Ben, sí señores, era mi primer objetivo. Tenía que hacer un trasbordo, pero si había llegado hasta ahí, nadie me iba a parar. En todo caso podía tomar el mismo camino de regreso (lo que definitivamente me iba a negar a hacer si me perdía).
Pregunté repetidas veces, es increíble cómo por pronunciar un poquitito diferente una letra los ingleses no te entienden una papa, me saca de quicio. Finalmente hice el trasbordo para llegar a la estación Westminster (palabra que me costaba pronunciar). Subí las escaleras y salí de la estación. El sol me obnubiló un poco, pero cuando abrí los ojos vi ese inmenso edificio londinense frente a mi con el inmenso reloj en lo alto que marcaba las 9.25 am. Inspiré profundo y sonreí. Estaba en Inglaterra en medio de los juegos olímpicos.


Empecé a recorrer y al cruzar la calle un bocinazo me recordó a qué lado tenía que mirar para cruzar, me cambiaron los carteles! Crucé el puente y conocí el "Big eye". Me metí en un baño público por que ya no daba más y me encontré con la agradable limpieza de los tan ordenados ingleses. Qué adorable país, ojalá nunca nos hubieran bombardeado las Malvinas para que no los tuviera que detestar nada.

Crucé de vuelta por otro puente, todavía podía ver el Big Ben y no perderme. Y terminé en un parque lleno de flores y pájaros, parecía el Edén, después de tantas horas de viaje eso era el paraíso.  Me senté en un banquito y comí mis sandwichs caseros en el medio de Londres, y obviamente tenía que hacerle el homenaje a mi país pegándome una mini siestita relajante.


Volví tres horas antes del vuelo así que también dormí en el aeropuerto, tenía el delay y a mi que no me cuesta dormirme donde sea, el tiempo se me pasó rápido. Me metí nuevamente a hacer el chek-in, media hora antes de lo que me habían dicho, lo que me dio el tiempo justo para llegar a embarque (después del shopping interno que tenía que atravesar y el viajecito en el subte). Me quedaban unas 6 horas de viaje, la comida fue estupenda, veg y frutal, no me puedo quejar. Con una pareja de musulmanes leyendo el Corán me empecé a ambientar. Una hora más temprano de lo previsto bajé del avión con unos 43º (y yo que llevaba un tapado...) Saqué mi visa de turista, aunque la chica de la aduana seguía insistiéndome que le mostrara mi cédula egipcia por que estaba segura que yo era local, hasta que vio mi pasaporte. Salí y me senté a esperar a que me encontraran.
A las 12 a.m. llegó Daniel, que casi no me reconoce por la cara de tranquilidad que yo llevaba, en serio. Creo que más que tranquilidad era pachorra, tenía un matete de horarios en el organismo, no sabía si quería comer, dormir o ver una peli. Me saludó: Bienvenida a Egipto!- Para lo que yo respondí: Thank you! Is nice to listen something in spanish...- yo seguía pensando que se había aprendido una frase en español para darme la bienvenida, cuando me replicó -y por qué seguís hablando en Inglés? jajaja. Él era de Perú y estaba ahí por el fin de semana trabajando en unas entrevistas para el canal Nuevo Tiempo. Pero ¡qué alegría saber que podía hablar español con alguien! por que cuando apenas llegué sentí un shock emocional, me sentía perdida y desorientada. Una tarada, digamos.
Un viaje totalmente feliz que me dejó satisfecha y orgullosa de haber sido lo suficientemente valiente como para enfrentar un mundo totalmente desconocido. Sobreviví el acento inglés, no sufrí nauseas o mareos, no perdí nada en el camino, y llegué al exótico país de Egipto.

La frase:
"Hacer un gran cambio de vida es bastante aterrador.
Pero, ¿sabes que es más aterrador? arrepentirse de no haberlo hecho."


Un par de fotos más para que disfrutéis ;)


Entrando al avión.


El "Big eye" de London.

El baño público.

Estas casetas siempre me encantaron.

Si si, esto es vida.

Gran escena de Sherlock Holmes.

Llegando a El Cairo.

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