lunes, 10 de diciembre de 2012

5 Días de furia egipcia II

Bueno he decido separarlo en dos secciones para no atosigarlos con tanta información y dejarlos digerir. Pero acá va otro bocado grande.

El día no había terminado ahí, seguimos nuestro recorrido en búsqueda del río Nilo. A pesar de que todos decían que justamente esa zona era peligrosa, nada nos iba a parar en nuestra aventura. Elegimos uno de los típicos botes turísticos que hacen un pequeño recorrido a lo largo del Nilo por un par de liras. La música árabe ensordecedora nos recibe con un montón de locales y turistas, algunos ya practicando el "belly dance" (danza del vientre), baile típico de esta zona. El sol se va despidiendo pero nos deja esa sensación tibieza de verano. Volvimos a casa complacidos por las bendiciones del día.





Día 3: Bien tempranito con todas las pilas cargadas. Hoy señoras y señores con ustedes LAS PIRÁMIDES DE GIZA. 
En un micro de transporte público (lo más barato que puede existir) nos acercamos a estás maravillas de la arquitectura humana. Aun en medio de la cuidad se comienzan a divisar. Nos acercamos a la entrada a pie y los vendedores empiezan su tarea de ofrecimiento incisivo pero ya estamos entrenadas para esto, no nos van a arruinar el día.



En medio de la arena se levantan cual gigante que se descubre casi a los pies de las mismas por su magnitud, solo en sus faldas puedo entonces percibir lo inmensas que son. Rocas que guardan misterios y sorpresas. Entradas a tumbas adyacentes me parecen igual de intrigantes. Y entonces me preparo mentalmente para la gran entrada a la segunda pirámide, voy a ir directo al corazón de la historia, un salto de más de 4.000 años. Pero la claustrofobia es mi enemiga así que me tomo el tiempo para ayudarle a mi mente a ganar la batalla, mi curiosidad parece ser más fuerte esta vez.
La escalera que desciende precipitadamente es ajustada y estrecha, para uno solo agachado. Después de unos 200 escalones, un pasillo con paredes de roca y pobre iluminación que guían a una segunda escalera ara volver a subir al centro. El aire se pone cada vez más denso  parece que la en cierro a preservado su aroma antiguo. Con dificultad subimos por la escalera estrecha, la falta de oxígeno no ayuda, más corredores hasta que desembocamos en la habitación (gracias al Señor porque mi claustrofobia me estaba ahorcando). 
Una sala de unos 20 mts. de largo y unos 10 de ancho, vacía, solo la estructura en piedra rectangular que contenía el sarcófago, escrituras en las paredes y piedras. El resto está esparcido en los museos del mundo, pero piedras, sólo eso y una sala vacía son un sueño cumplido para mi. Parada en el mismo lugar de soldados, sirvientes o la misma familia faraónica satisfacían mis ansias de conocer, yo vi y toqué esas paredes. La salida fue igual de dificultosa pero no menos atractiva.






Caminamos por el desierto dejando que el sol del invierno (igual de abrazante en esas arenas) nos tostara un poco. Tratamos de observarlas desde todos los ángulos posibles. Llegando nuevamente al comienzo de nuestro recorrido ahora admiramos la esfinge que sin una nariz sigue siendo motivo de preguntas y cuestionamientos, aunque burlada por la perspectiva es bastante grande.
Antes de que una tormenta de arena anunciada por el viento se levante nos vamos, hoy todavía más felices y más agotados.







Día 4: Hoy es sábado, día en el que pienso más en Dios que el resto de la semana, así que nos encontramos en la iglesia de mañana. Un lindo servicio en el que participo activamente, mis amigos son recibidos por la gente con el mismo cariño con el que fui recibida yo. Después de un rápido almuerzo nos disponemos a salir hoy en la compañía de otro amigo que sabe mucho del destino al cual nos dirigimos. Hassan nos explica acerca de la historia de la Citadel en Mokattam, una colina destinada a ser asentamiento del gobierno, rodeada de las tumbas de los mamelucos. 





Este lugar era provisto por agua del pozo de José, que fue ampliado y adaptado para suministrar agua necesaria para una población mucho más grande. También se construyeron mezquitas como la de Mohammed Alí o mezquita de alabastro y otras estructuras más. Construido como un fuerte, con muros y torres dan la sensación de un castillo antiguo. Desde el punto más alto, frente a la mezquita, se puede ver la ciudad del Cairo con sus pirámides a la distancia como gigantes durmientes. El color amarillo de las estructuras armoniza con el calor característico de esta ciudad. 





Los diez mandamientos






Salimos en búsqueda de la segunda mezquita, Al-Hakim, que contiene los dos minaretes más antiguos de toda la ciudad, piso de piedra blanca y delicados diseños. Aquí nos encontró el llamado a la oración y fue una de las experiencias más mágicas que experimenté.

Caminamos por las calles hasta llegar a la famosa feria Khan-khalili para comprar las chucherías de siempre con el colorido vibrante del Cairo y sus típicos vendedores.



Día 5: la furia se apacigua, los chicos se van a seguir su viaje por otras tierras exóticas y yo comienzo mi semana laboral para experimentar otro tipo de furia, una muy tierna y extenuante a la vez, la de mis repollitos que me esperan para llorar sin sentido y reír sin escatimar.


Hoy no hay frase que describa, solo un sonido que compartir...



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